¡VERGÜENZA MUNDIAL! Vicecanciller de Maduro en la OEA ataca a exiliado venezolano Gustavo Tovar-Arroyo

DolarToday / Jun 19, 2017 @ 12:00 pm

​A raíz del evento ocurrido ayer en el lobby del Hotel Moon Palace en la Ciudad de Cancún México y las insólitas declaraciones –otra vez– de los personeros de la dictadura en Venezuela expongo.

​Soy Gustavo Tovar Arroyo, escritor y abogado, con doble nacionalidad venezolana y mexicana, activista de derechos humanos, de la lucha noviolenta y la resistencia pacífica. ​

​En Venezuela, por mis actividades de promoción de los derechos humanos entre jóvenes y por mis artículos de prensa, el régimen chavista me ha acusado de “traición a la patria” y “desestabilizador”, han confiscado todos mis bienes, y han perseguido, amenazado de muerte y atacado a mis hijos y familiares.

​Vivo actualmente en el exilio a raíz de los ataques que he recibido por parte de la dictadura chavista. A mis compañeros, allegados y amigos en Venezuela, los han perseguido, encarcelado, torturado, sodomizado y hasta asesinado por exigir más democracia. Nuestro único delito es tener un sueño de libertad.

​En la actualidad ya no somos unos pocos los perseguidos, es el pueblo entero que está siendo reprimido por clamar por comida, medicina y libertad. Más de 70 venezolanos han sido asesinadas, decenas de miles heridos y otros miles encarcelados por protestar por la injustificable devastación que vive el país.

​Venezuela es víctima del chavismo, no al revés. Los conocidos vínculos de la dictadura con el narcotráfico y con el crimen organizado les hace perseguir y atacar de manera descarada y criminal a todos los que levantamos la voz ante sus prácticas criminales.
​La dictadura ya no sólo amenaza y ataca en Venezuela, ahora peligrosamente acometen sus faltas de respeto y represión a nivel mundial. No tienen límites.

​Ayer en la noche cuando caminaba junto a mi esposa por el lobby del hotel Moon Palace, agentes de la dictadura chavista me abordaron para acusarme de “traidor” y de estar vinculado con el gobierno de Estados Unidos.

​Le respondí que ni soy traidor ni estoy vinculado con ningún gobierno extranjero, que tan sólo soy un venezolano más que clama por libertad en su país.​Me amenazaron y dijeron que de estar en Venezuela me harían a mí y a mis hijos lo mismo que le hacen a los jóvenes que protestan en las calles exigiendo comida, medicina y libertad. Es decir, dispararme en la cabeza o en el pecho para silenciarme por “golpista”.

​Mi respuesta ante la amenaza fue en el mismo tono, les dije que estábamos en México y que como mexicano no me podían amenazar de muerte en este país. Les recordé que el único golpista había sido Hugo Chávez, quien asesinó a miles de venezolanos cuando intentó llegar al poder en 1992, que yo ni sabía disparar.

​En el desencuentro e intercambio de palabras, que sin duda fue airado (quedó grabado en un video), pese a las amenazas e intentos por golpearme, respondí lanzándole al funcionario de la dictadura un billete de veinte pesos (un dólar aproximadamente) como limosna por su show, nos apartamos ambos y nos fuimos.

​Las declaraciones de la señora Delcy Rodríguez contra mi persona son demenciales y falsas. Son su respuesta vehemente a mi último artículo de opinión publicado en los medios cibernéticos del país.

​Es importante destacar que las amenazas y ataques de la dictadura chavista contra mí por mis escritos y promoción de los derechos humanos no son nuevas, llevan años haciéndolo y seguramente seguirán haciéndolo para conservar su dañino y ruinoso régimen criminal.

​Hago responsable a la dictadura venezolana de cualquier cosa que pueda sucederme a mí o a mi familia. Sin embargo, dejo claro, mientras mi aliento sea capaz de empañar una lámina de vidrio tendré fuerzas suficientes para luchar por la democracia y la libertad de mi país. No cesaré como no cesan tantos otros que claman por lo mismo en las calles de Venezuela. Ellos son los próceres y el ejemplo de este tiempo.

​Lucho y lucharé siempre en el marco de la resistencia pacífica, de la reivindicación de los derechos humanos y a través de medios creativos y noviolentos.

​No sé disparar, no creo en la guerra. No soy yo el mundialmente conocido por asesinar a venezolanos inocentes y por sus vínculos con el narcotráfico.

​Mi única arma es la palabra.

 

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